Samantha Urzua y Madrid
¿Cómo acompañar a un bien morir?
La vida es cambio, la vida es una serie de ciclos de inicio y término y aceptar ese término es complejo y nadie nos enseña a afrontar esa realidad, ni para nosotros ni para los que amamos. Saber que vamos a morir, saber que los que amamos van a morir es una realidad que justamente sabemos, pero ¿aceptamos que vamos a morir?, ¿aceptamos que los seres que amamos van a morir? Entonces, ¿cómo tener un bien morir? ¿Cómo acompañar a un bien morir?
“Desde el punto de vista budista, la vida y la muerte son un todo único, en el cual la muerte es el comienzo de otro capítulo de la vida. La muerte es un espejo en el que se refleja todo el sentido de la vida”. (Rimpoché, 1994).
En muchas tradiciones como la budista o la cristiana, la vida continua de cierta manera después de la muerte. Desde la filosofía Existencialista, el ser humano es un ser bio, psico, social, espiritual; y esta última parte, la espiritual ayudará mucho a poder afrontar este cambio trascendental en la vida porque brinda explicación y consuelo a lo que no se explica solo con la razón. Así que busca un apoyo espiritual, conoce, acércate a la creencia espiritual que resuene contigo y te acompañe en la vida para que cuando llegue la muerte tengas un sostén.
Para llegar a un bien morir será más fácil si te procuras un bien vivir, ¿y cómo es eso?, procurando que las cuatro áreas que mencioné al inicio: bio, psico, social, espiritual, las manejes en equilibrio, que te procures armonía en esas cuatro áreas. A veces no sabemos cómo y para eso puedes ir a terapia porque en la vida afrontamos cambios y pérdidas, acontecimientos que no siempre se pueden manejar sin apoyo de un especialista.
Para acompañar a un bien morir es necesario:
Escuchar: el que se va necesita tener permiso de expresar lo que siente y piensa. Cuando el familiar le calla diciendo: “no digas eso, vas a ver que habrá un milagro, no te puedes ir porque te necesito, qué haré sin ti”, se le deja en un lugar silencioso y donde sufre ya no solo por el término físico de su vida, sino justo por no poder expresarse. El paciente puede estar triste o enojado o temeroso o todo al mismo tiempo, por lo que habrá que usar la paciencia, la prudencia y el amor incondicional para acompañar con una escucha respetuosa. Si el paciente se despide, si empieza a encargar sus bienes o sus amores “te encargo a mi gato” etc., se trata de escuchar y de poder llorar juntos y despedirse juntos pues ser “valiente”, ser “fuerte” no significa no mostrar lo que sentimos, solo priorizar lo que siente nuestro ser amado.
Tocar: el tacto en lo posible, la caricia suave, permite que el paciente reciba un gesto valioso pues debe saber que sigue siendo persona y no un problema, un diagnóstico, un padecimiento. El toque debe ser muy suave y no constante pues la piel puede hacerse más delgada e hipersensible.
Todos tenemos derecho a la verdad. Con frecuencia el que está muriendo lo sabe y es mejor poder hablar de ello con la verdad, lo contrario lleva al paciente a callar lo que siente por miedo a perturbar a sus seres queridos y a esto se le llama “la conspiración del silencio” que es ocultar información o minimizar la información del pronóstico y la enfermedad. Se deberá decir al paciente la verdad “de la manera más serena, más afectuosa, más sensible y hábil posible” según palabras de Elisabeth Kubler-Ross, quien fue una psiquiatra y pionera experta sobre la muerte y los moribundos.
Despedirse. Es un momento difícil porque creemos que será una despedida “para siempre”, que despedirnos es dejar de amar a la persona, que despedirnos solo sucede cuando ya no nos importa la persona o nuestro ser amado, ( porque también puede ser una mascota que se transformó en familia). Pero no es así, despedirse es necesario para el que se va como para el que se queda. Poder ver la muerte como un proceso natural y un cambio profundo donde podremos relacionarnos desde el amor de una nueva manera que ciertamente ya no es física, puede quitarle ese peso de “para siempre”, recordando que nosotros también atravesaremos ese proceso y solo será en su tiempo perfecto. Tener presente que justamente desde el amor incondicional, el que no posee, el que da permiso de irse en paz, es el amor más rotundo, es la forma más difícil tal vez, pero la más profunda de mostrar el amor verdadero. Será necesario tratar de decirle, aun si está inconsciente, “con amor te doy permiso de irte, te aseguro que estaré bien”. Para algunas personas será difícil pedir perdón o dar perdón, pero en lo posible es mejor hacerlo para dejar paz en su propio corazón.
Este proceso al vivirlo, pero también después de vivirlo puede ser difícil de afrontar solo, te recuerdo no estás sol@ y que lo podemos trabaja en terapia para poder trabajar el duelo. Un duelo sano puede llevar algunos meses a dos años aproximadamente, después hablamos de un duelo complicado o patológico y aún en esa situación es posible trabajar al respecto para por fin regresar a la vida y sentir paz a pesar de extrañar a tu ser amado.
Deseo que este artículo te proporcione información valiosa. Sugiero leer a la Dra. Kubler-Ross y el Libro tibetano de la vida y la muerte (Rimpoché, 1994), capítulos 2 y 11 específicamente.
Un abrazo,
Samantha Urzua y Madrid
